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Vaca Muerta. Qué ven en Roca, Viedma y Cipolletti?

(ADN).- Las grandes inversiones que se están produciendo en Río Negro a partir del «boom» energético de Vaca Muerta genera expectativas, pero también alertas por la realidad actual. Aún en la zona de alto impacto (San Antonio y Sierra Grande) no hay «derrame», al menos no el esperado. Qué pasa en Roca, Viedma y Cipolletti? Están preparadas las ciudades para recibir la «ola» de personas que llegan en busca de un mejor futuro?
El desarrollo de oleoductos y gasoductos produce un fuerte movimiento económico en la provincia, pero concentrado un sector. Por eso, muchas pymes y empresas de servicios están esperando que termine la etapa de obras y comience la actividad exportadora, que generará puestos de trabajo y un movimiento alrededor de los puertos y los movimientos de los barcos.
Sin embargo, en tres ciudades ya existen alertas sobre el proceso y el impacto que tendrá. En Cipolletti, aseguran que «está viniendo gente de todos lados, de todas las provincias. A veces nos sobrepasa la capacidad que tenemos». La frase corresponde al presidente del Colegio de Martilleros, Fernando Meléndez.
El empresario aseguró que el impacto demográfico de las inversiones vinculadas al gas y al petróleo expone una preocupación que ya no alcanza únicamente a la zona de la Confluencia, sino que atraviesa a todo el Alto Valle y plantea un desafío para Río Negro.
El crecimiento acelerado de la población pone en evidencia las dificultades del desarrollo urbano. Ciudades concebidas y diagramadas en el siglo pasado intentan dar respuesta a una demanda habitacional que crece a un ritmo muy superior al de su capacidad de respuesta. «Viene mucha gente sola a trabajar y necesitamos departamentos de un dormitorio o monoambientes. Es un cambio importante, porque históricamente las empresas constructoras hacían edificios con departamentos de dos y tres dormitorios», explicó en diálogo con Literal Radio.
Y apuntó: «La infraestructura en general de las ciudades está complicada. Lo que pasa es que la parte privada va mucho más rápido que la estatal. Entonces, cuando el privado se pone a hacer algo avanza rápidamente, pero después falta la infraestructura porque el Estado no acompaña. Tenemos problemas con los barrios por la provisión de gas y de agua, que es lo que más tiempo lleva», afirmó Meléndez.
En la misma emisora, Verónica Posse, martillera y corredora pública, aseguró que el impacto del gas y el petróleo comienza a sentirse de manera gradual en el mercado inmobiliario local. Si bien la demanda vinculada a la actividad crece de forma sostenida, todavía convive con un factor que sigue marcando el ritmo de los precios: el poder adquisitivo de la mayoría de la población.
Según explicó, muchos propietarios intentan fijar valores más altos para sus propiedades, pero la realidad termina imponiendo un techo. «Hoy se puede pedir lo que uno quiere en cuanto al valor del alquiler. Muchos propietarios piden un poco de más, pero pasa un mes, dos meses y la propiedad no se alquila. Entonces, se termina bajando al valor», comentó.
Si en los alquileres el impacto todavía aparece de manera gradual, en la compraventa de inmuebles comienza a percibirse con mayor claridad. Para muchos trabajadores e inversores vinculados a Vaca Muerta, Roca representa una alternativa más accesible que Neuquén para colocar sus ahorros.
«En Neuquén está tan alto el valor de una propiedad para la venta que con un departamento que se pueden comprar allá, acá se pueden comprar dos. He tenido esos clientes también, que vienen a Roca con el dinero y los sueldos de allá e invierten acá», contó Posse.
La consultora Praxis determinó que la llegada de grandes proyectos no garantiza, por sí sola, que la riqueza generada permanezca en el territorio. En consecuencia, subrayó que el desafío dejó de ser atraer capitales y pasó a centrarse en cuánto valor agregado podrá capturar cada ciudad.
En ese escenario, Viedma aparece como la ciudad del corredor con mayor potencial para captar valor a través de servicios avanzados y conocimiento, pero también como una de las que corre mayor riesgo de quedar al margen. La capital concentra universidades, organismos provinciales, estudios profesionales, bancos y organismos de control, una estructura que podría responder a demandas de ingeniería, gestión ambiental, auditoría, derecho corporativo, seguros y software industrial.
Sin embargo, el informe alerta que las empresas pueden contratar esos servicios en Buenos Aires, Neuquén o Puerto Madryn. En este último caso, la experiencia acumulada en la industria petrolera consolidó proveedores con capacidad para competir por contratos de mayor complejidad. La competencia por ese valor agregado, sostiene el análisis, ya está en marcha.
En San Antonio y Sierra Grande notan que desde hace tiempo los barcos permanecen menos tiempo y puerto y demandan menos servicios. A ese panorama (producto que las nuevas flotas son ciudades en sí mismas) se agrega la particularidad que el gas se inyecta a los buques liquefactores que no tocan tierra, y que los barcos petroleros cargarán el combustible en las monoboyas.



