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Honduras eleva su tasa de interés al 6%: qué puede pasar con los créditos, la inflación y el dinero de los hondureños

Economistas advirtieron que una política monetaria restrictiva puede encarecer el crédito y afectar el consumo, la inversión y las actividades productivas.
Economistas advirtieron que una política monetaria restrictiva puede encarecer el crédito y afectar el consumo, la inversión y las actividades productivas.

Aunque es un movimiento relativamente pequeño, la decisión tiene relevancia porque la TPM funciona como una de las principales referencias que usa el Banco Central de Honduras (BCH) para orientar las condiciones monetarias del país.

Cuando el BCH aumenta esta tasa, envía una señal de que busca hacer más restrictivas las condiciones financieras para reducir las presiones sobre los precios. La decisión ocurre en un momento en que la inflación se encuentra por encima de la meta establecida por el BCH.

En agosto, la inflación interanual alcanzó 6,2%, mientras que el organismo mantiene como referencia una meta de 4%, con un margen de tolerancia de un punto porcentual hacia arriba o hacia abajo.

El BCH atribuye parte del comportamiento reciente de los precios a factores como el costo de los alimentos y la energía, además de elementos externos que afectan a la economía hondureña.

El presidente del BCH, Roberto Lagos, defendió el movimiento como una decisión gradual y preventiva. Según su explicación, la intención es actuar antes de que las presiones sobre los precios se vuelvan más persistentes y obliguen a aplicar ajustes mayores.

La TPM es una herramienta que usa el Banco Central para influir sobre las condiciones financieras de la economía. No es, por sí misma, la tasa que una persona paga directamente cuando solicita un préstamo en un banco.

Funciona como una referencia para determinadas operaciones del sistema financiero y como una señal sobre la orientación de la política monetaria.

Cuando el Banco Central baja la TPM, busca facilitar las condiciones financieras y estimular el crédito y la actividad económica. Cuando la aumenta, como ocurrió ahora, busca el efecto contrario: hacer que las condiciones monetarias sean más restrictivas y contribuir a moderar el consumo y las presiones sobre los precios.

Por eso, el aumento de 5,75% a 6% no significa que todos los préstamos del país subirán automáticamente 0,25 puntos porcentuales.

La Asociación Hondureña de Instituciones Bancarias (AHIBA) respaldó esa explicación. La gremial señaló que cada institución financiera establece sus tasas tomando en cuenta diferentes variables: sus costos de financiamiento, la liquidez disponible y las condiciones del mercado.

El Banco Central de Honduras también vinculó la decisión sobre la TPM con la preservación de las reservas internacionales, que sumaban USD 11.515,6 millones.
El Banco Central de Honduras también vinculó la decisión sobre la TPM con la preservación de las reservas internacionales, que sumaban USD 11.515,6 millones.

Una persona que tiene un crédito vigente no debería asumir que su cuota aumentará automáticamente por el mismo porcentaje anunciado por el Banco Central. El comportamiento dependerá del tipo de préstamo, las condiciones establecidas en el contrato y las decisiones que adopte cada institución financiera.

El economista Ismael Zepeda sostiene que el aumento forma parte de una política monetaria restrictiva. En su interpretación, uno de los mecanismos mediante los cuales una subida de la TPM puede ayudar a reducir la inflación es precisamente encareciendo el acceso al dinero.

La lógica es directa: si obtener financiamiento se vuelve más caro, hogares y empresas pueden reducir su demanda de préstamos y, con ello, disminuir el ritmo del consumo y de algunas inversiones.

Zepeda cuestiona la idea de que el aumento de la TPM pueda analizarse de forma completamente separada de las tasas de interés que enfrentan los usuarios del sistema financiero.

El economista Nelson Ávila también expresó reparos frente a la medida y señaló que un aumento de este tipo puede terminar elevando el costo del financiamiento para las actividades productivas. Su preocupación se concentra en el posible impacto sobre la inversión: las empresas que dependen de préstamos podrían enfrentar mayores costos si las instituciones financieras modifican sus condiciones.

El debate puede resumirse en dos posiciones. Por un lado, el Banco Central y la banca sostienen que el aumento de la TPM es una herramienta para contener la inflación y que no existe una relación automática entre los 25 puntos básicos anunciados y las tasas que cobran los bancos a sus clientes.

Economistas advirtieron que una política monetaria restrictiva puede encarecer el crédito y afectar el consumo, la inversión y las actividades productivas.
Economistas advirtieron que una política monetaria restrictiva puede encarecer el crédito y afectar el consumo, la inversión y las actividades productivas.

Por otro lado, economistas como Zepeda y Ávila señalan que una política monetaria más restrictiva tiene entre sus mecanismos de transmisión el encarecimiento o la restricción del crédito, lo que puede afectar el consumo y la inversión.

Las dos posiciones no implican necesariamente que los préstamos vayan a subir de inmediato. La diferencia está en cómo cada parte interpreta los efectos posibles de la decisión sobre la economía.

El principal argumento del BCH es la necesidad de controlar las presiones inflacionarias. Cuando los precios aumentan de manera sostenida, el dinero pierde capacidad de compra: una misma cantidad de lempiras permite adquirir menos bienes y servicios.

El Banco Central busca evitar que esa tendencia se prolongue y afecte de manera más fuerte el poder adquisitivo de los hogares.

Hasta entonces, el mercado seguirá atento a una pregunta central: si el aumento de la TPM será suficiente para contribuir a moderar la inflación sin generar un impacto significativo sobre el crédito y la actividad productiva.

El nuevo nivel de 6% marca una señal clara: el Banco Central prioriza contener las presiones sobre los precios y preservar la estabilidad, mientras la banca y los economistas mantienen lecturas distintas sobre cuánto de ese ajuste terminará llegando al costo del financiamiento para hogares y empresas.



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