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LAS GRUTAS: La restinga, una atracción única en la costa rionegrina

Al bajar la marea, queda al descubierto una plataforma con atractivos para descubrir.

(LMC) Cuando baja la marea, en la playa de Las Grutas se descubren grandes extensiones rocosas denominadas restingas. Desde la Bajada Cero hacia el norte, queda una enorme superficie plana como una calle de pavimento, que tiene como atractivo los piletones cavados por el hombre.

En cambio, hacia el otro lado -entre la Tercera y la Séptima Bajada- emerge un bloque escabroso de unos mil metros de largo que, visto desde la altura de la costanera, se asemeja a un pequeño mundo, con lagos, ríos, golfos y bahías.

Los turistas poco familiarizados con la vida marina encuentran aquí un paseo fascinante. Es una aventura caminar entre las irregularidades del terreno y explorar las innumerables hoyos y concavidades de distintos tamaños donde se observan macizos de algas, cangrejos, peces y pulpos.

También es gratificante llegar con reposeras e instalarse al borde de cualquiera de los estanques, donde el agua se torna tibia con el correr de las horas, y disfrutar de la calma y el silencio, ya que allí no llega el griterío de la multitud, que permanece distante.

El lugar más elegido es la laguna que queda en el centro del cuerpo rocoso, mucho más amplia que las demás, donde en algunos lugares alcanza los 50 centímetros de profundidad.

Es un lugar ideal para los chicos pero también apto para practicar buceo con snorkel.

Una sugerencia muy útil para quien tenga pensado realizar la excursión: hay que ir con calzado, debido a que el terreno está cubierto de mejillines -más pequeños que los mejillones- y dientes de perro, un crustáceo conocido también como “picoroco”, que daña la planta de los pies.

Asimismo, se debe efectuar cada paso con mucha precaución, ya que la cubierta es muy resbaladiza y el riesgo de caídas es permanente. Por caso, del total de heridos que diariamente se atienden en el hospital grutense, un buen número concurre por accidentes sufridos en esta restinga.

Otro aspecto que no se debe descuidar es la pleamar. Cada tanto ocurre que personas poco precavidas quedan encerradas en los lugares más altos, al ser sorprendidas por el avance del mar, y deben ser rescatadas por guardavidas. Por eso, cuando comienza el proceso del ascenso del mar, suelen escucharse los pitazos de los rescatistas para advertir del peligro.

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Marina Andrés Verdecchia

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