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Fin de la barrera: el ingreso de carne con hueso agita el mercado patagónico y tensiona al sector ganadero

Tras 22 años, el Gobierno nacional habilitó el ingreso de carne con hueso plano a la Patagonia. Productores locales alertan sobre el impacto sanitario y económico, mientras el oficialismo promete precios más accesibles para los consumidores.

 

Una decisión que rompe el equilibrio

Con la publicación de la Resolución 460/2025 del SENASA, el Gobierno nacional modificó el estatus sanitario de la Patagonia y autorizó el ingreso de cortes con hueso desde zonas del país donde se vacuna contra la fiebre aftosa. La medida marca un quiebre histórico en una política que, desde 2003, distinguía a la región como libre de aftosa sin vacunación, lo que le permitía exportar a mercados premium y mantener cierto nivel de diferenciación en precios y calidad.

El cambio afecta a las provincias ubicadas al sur del río Colorado, incluyendo a Río Negro, Neuquén, Chubut, Santa Cruz y Tierra del Fuego, y habilita el ingreso de costillares, asado y otros cortes con hueso plano provenientes de La Pampa y Buenos Aires, entre otras regiones del norte.

Desde el oficialismo nacional, justificaron la decisión como una herramienta para aliviar los precios que paga el consumidor en el sur, donde el kilo de asado puede costar hasta un 90 % más que en la provincia de Buenos Aires. Según estimaciones de la Secretaría de Comercio Interior, la medida podría generar una baja promedio del 15 % en los cortes con hueso dentro del primer trimestre de implementación.

Rechazo en bloque de las provincias patagónicas

Lejos de celebrar la noticia, los gobiernos provinciales y los sectores productivos del sur manifestaron su rechazo. Para las cámaras ganaderas, el levantamiento de la barrera significa “dinamitar” años de esfuerzo sanitario y abrir la puerta a una competencia desigual con frigoríficos de gran escala que operan con otros márgenes y reglas.

El gobernador de Río Negro, Alberto Weretilneck, fue uno de los más duros: «Nos quieren hacer creer que esto va a bajar el precio de la carne. Es una medida que no solo no resuelve el problema del consumo, sino que perjudica directamente al productor local».

En el mismo sentido, desde Santa Cruz adelantaron que evalúan crear su propia barrera sanitaria provincial. La idea, que por ahora es un proyecto, apunta a frenar el ingreso de carne del norte a través de controles en ruta y normas sanitarias locales.

¿Baja de precios o concentración del mercado?

En el corto plazo, es probable que los consumidores encuentren ofertas tentadoras en góndolas de supermercados y cadenas de carnicerías integradas con frigoríficos del centro del país. El ingreso de costillares y otros cortes de consumo popular desde La Pampa podría forzar una baja en los valores que se venían pagando en ciudades como Bariloche, Neuquén o Trelew.

Sin embargo, analistas del sector advierten que esta baja puede ser momentánea y concentrada en grandes bocas de expendio. La estructura logística, los costos de transporte y la intermediación pueden absorber parte del beneficio, mientras los pequeños carniceros locales, que no acceden a la carne del norte en condiciones competitivas, podrían quedar excluidos de la pelea por el precio.

Desde el Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA) reconocen que el ingreso de carne con hueso es una herramienta que puede “generar competencia”, pero que debe monitorearse para evitar efectos colaterales como la pérdida de empleos o el cierre de frigoríficos regionales.

Impacto a mediano plazo

En las zonas de producción patagónica, como el Valle Medio, la Región Sur de Río Negro o el norte de Neuquén, la preocupación es concreta. Los productores advierten que la rentabilidad ya es baja por cuestiones climáticas, distancias y escala, y que competir con carne del norte podría hacer inviable la actividad en pocos años.

También hay inquietud por el posible deterioro del estatus sanitario, que es clave para la exportación a mercados exigentes como la Unión Europea o Japón. Si bien el SENASA aclaró que los cortes habilitados deben cumplir protocolos rigurosos (maduración, envasado al vacío, trazabilidad), las provincias reclaman mayor fiscalización y aseguran que no fueron consultadas antes de la resolución.

Un nuevo mapa cárnico

En definitiva, la flexibilización de la barrera sanitaria redibuja el mapa de la carne en Argentina. Beneficia a frigoríficos del norte con capacidad de llegar a nuevos mercados, genera alivio momentáneo al bolsillo del consumidor urbano, pero deja en la cuerda floja a la ganadería patagónica, que pierde una protección histórica.

Lo que para algunos es una apertura necesaria, para otros representa una amenaza directa. La historia reciente muestra que medidas similares, mal implementadas o sin acompañamiento productivo, terminan consolidando a los más fuertes y expulsando a los pequeños. La carne, otra vez, en el centro del debate.

 

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