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LAS GRUTAS: Loros barranqueros, fieles y hogareños como pocos

Los loros barranqueros se comportan como buenos compañeros de vida. Fieles y hogareños, la ciencia dice que lo llevan en su ADN.
En las grandes bandadas que suelen conformar cientos de individuos se encuentran habitualmente a parejas que se mueven al unísono.
Se observa en la colonia que se instala cada verano en el acantilado de Las Grutas, donde han cavado innumerables cuevitas que albergan los nidos en los que crían a sus polluelos. Van y vienen, revolotean sobre el barranco, se posan en los cables. Siempre juntos, parloteando para el público de la playa.
El comedimiento que se dispensan los integrantes del matrimonio es uno de los rasgos encontrados por Juan Masello, Petra Quillferdt y Mauricio Failla, en el proyecto Loro Barranquero, emprendido para investigar a los ejemplares que se encuentran en el acantilado del balneario El Cóndor.
Es considerada la población más numerosa del mundo con unos 35.000 nidos activos. Se estimaba, por otro lado, que se reunían unos 180.000 ejemplares.
Failla manifestó años atrás que es dable extrapolar sus conductas y hábitos a los de Las Grutas. Es poca la información que hay al respecto, salvo algunas menciones en internet.
En el proyecto “Loros …” los autores destacan que los individuos de esta especie “son muy sociales y genéticamente monógamos, llevando a cabo intensos cuidados a su pareja”.
Los dos son muy hacendosos, y ayudan a mantener en orden el nido, que ocupa siempre el mismo hueco del acantilado.
“… la pareja es la unidad social básica durante la época de cría…” destaca en otra parte el informe.
Durante el día, padre y madre salen temprano en busca de alimentos para los pichones, y vuelven entre 4 y 6 horas después. Pueden repetir la operación durante la tarde, o incluso hasta cuatros veces en el día. Pero regresan antes del crepúsculo.
La noche la pasan en familia.
Es el momento de mayor sonoridad en el asentamiento, un coro estrepitoso que se escucha cuando la playa comienza a quedar desierta.
El proyecto investigativo también refiere que se observan ejemplares solos en la bandada. Se presume que son juveniles que aún no forman pareja y no tienen nido. Suelen deambular por la zona poblada, parados en los cables.
En San Antonio se da un caso particular en los predios de Viarse y COTRASAO, entre los barrios Magisterio y el Matadero. Hay allí extensas alamedas, donde al anochecer llega una gran cantidad de loros con su bullicio conocido.
Un golpe, un aplauso, un ruido cualquiera, y se agitan escandalosamente.
Tampoco es muy recomendable quedarse abajo por mucho rato.
Un gran potencial
Failla es un defensor férreo de los barranqueros y resalta su potencial turístico. En el informe menciona que el avistaje de aves es una industria que mueve millones en el mundo. Cita, por ejemplo, que en 2001 en Estados Unidos registraron a 46 millones de personas que habían desembolsado 32 mil millones de dólares para observar, fotografiar o alimentar aves silvestres.
La investigación realizada generó un cambio en la consideración que mucha gente de El Cóndor y Viedma tenía sobre los loros.
Los rechazan sobre todo los pobladores rurales, porque afirman que atacan las plantaciones.
Pero pudieron revertir esa mala imagen en el resto de la población. Fue un trabajo paciente, con disertaciones, charlas en escuelas y abundante difusión de información.
En ese entonces el trabajo permitió que medios periodísticos de distintas partes e instituciones científicas del mundo se interesaran por la población de loros, por lo ganaron más atención.
Lograron, por caso, que empresas de turismo incluyeran visitas a la colonia y que se instalara que es “la más numerosa del mundo”.
En San Antonio la bandada veraniega no tiene tanta prensa como otras aves. Al menos por ahora.
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Autor: Luis Uribe
Marina Andrés Verdecchia




